javier abdala
artista escultormuestra en La Galeria
EN LA GALERIA
RECONQUISTA 587
del 22 de mayo al 23 de junio 2010
Horarios: Lunes a Viernes de 10 a 19 hs.
Sábado de 12 a 18 hs.
Fabulaciones sincréticas
La obra de Javier Abdala
por Veronica Cordeiro
Me siento como un obrero de mi trabajo
Uso todo mi cuerpo[1]
Contento estaba saltando y cantando alegremente cuando pasó el camión. Volcó una lata de pintura verde que se atracó debajo del motor, fue atropellada y quedó aplastada contra el asfalto de la calle como un fósil. La lata se vació instantáneamente, la tinta voló toda en un solo volumen como un vómito proyectil. Contento tocaba el bandoneón cuando el espeso líquido verde le llegó a la faz. Mèrde, dijo. Su rostro en seguida se desfiguró en máscara afro-picasiana. Tenía ojos de Miró y orejas hechas de un pedazo de timbó. Sin ser cubista, veía de frente y de lado a la misma vez. Las ruedas de su carreta se habían soltado y la carga de farmacéuticos se iba repecho abajo. Mon dieu, la grúa, la grúa sostendrá el hombre-remedio? Qué hará de sus patitas? Arriba del todo aún era noche; el bandoneón seguía haciendo música bajo la luz de una media-luna.
La cabeza de Contento es una lata, su nariz una tapa de barrica de roble, el brazo es parte de la pata de una silla y parte de una de sus dos piernas es una regla antigua, de esas reglas de madera de la época de Maria Castaña. El cuerpo es una caja abierta, dentro de él hay más madera, porque la tapa de la caja la tiene la boca del caballo de Basto.
Basto es un joven brillante y entusiasta, a la vez atrevido y cruel. Anda a caballo tomado de un gran tronco de árbol nativo encontrado en una maderera lejana. Su boca está compuesta de varas de hierro torcidas en una sonrisa maquiavélica. Llama la atención con su basto al número 10, aunque se haya equivocado, no le importa, en realidad quien tiene el caballo y sostiene su basto es el 11. No importa, aquí no se trata de fidelidad factual. Infidelidad actual, quizás, constructividad fantástica, mejor. De hecho, este Basto tiene también una corona que no la poseen ni el 11 ni el 10, sino que el 12, pero este, que se cree el 10 de basto, tiene la suya. Basto juega, y el truco es suyo por lo que las cartas españolas las imagina como se les antoja. O mejor, como le aparecen. Y esta se le desenvolvió como el automatismo de Miró, por asociación. Basto, en toda su composición, comprende latas, un palo torneado, una caja de ajedrez desmontada, madera gastada fusionada con la pintura de aceite solidificado, viscoso, envejecido; juega con el brillo y con el mate, con lo rústico y con lo pulido de modo a ampliar el abanico de posibilidades plásticas, aprovecharlo, explotarlo. Aquí, Basto el personaje/tema no es más que una excusa provista de alguna historia previa. Basto no es figura, esa quedó en la carta aplastada por una capa de pintura acrílica, color blanco, en la parte inferior del cuadro, entremedio las piernas del caballo – la carta misma del 11 de basto. El contenido de Basto es el soporte de su propia historia.
[1] Javier Abdala en conversación con Veronica Cordeiro, Montevideo, 20 de abril, 2010.
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el día 22 a las 14y30hs.



